martes 19 de enero de 2021

Una nueva denuncia contra la empresa de galletitas Trío

La semana pasada, Gestión Sindical había informado sobre despidos con causas inventadas. A raíz de esa nota, se sumó el testimonio de otro trabajador en la misma situación que quiso dar a conocer su calvario con la firma alimenticia.

Hace una semana Gestión Sindical había contado el caso de un trabajador que denunciaba a la empresa de galletitas Trío S.A., ubicada en Sarratea 4025, en San Justo, por haberlo echado (a él y a otro compañero) con una causa inventada. Además de haber sufrido, mientras trabajó allí, una serie de maltratos permanentes. Y se sabía que no era el único caso. Aunque, por temor, quienes todavía conservan su puesto laboral no se animan a hablar y contar lo que sufren. Ahora, todo eso quedó ratificado con un nuevo testimonio, el de Rubén Darío Aranda.

“Cuando vi esa nota me dio ganas de contar lo que me pasó a mí, para que quede claro que en esa empresa esas cosas son habituales”, le dijo a este medio quien fue despedido “en agosto del año pasado, también con una causa inventada. Además, me ofrecieron 15.000 pesos de indemnización después de haber trabajado casi seis años. Obvio que lo rechacé y, aunque ya envié varias cartas documento, todavía no me respondieron ninguna”.

La razón que esgrimió la empresa para desvincular a Aranda fue que “supuestamente me dormí arriba de un clark cuando estaba trabajando, pero eso es mentira. La verdad es que ellos querían que yo fuera encargado y yo me negué, porque lo que buscaban en realidad es que me ocupara de anotar los horarios de entrada y salida de mis compañeros. Es decir, que los controlara a ellos. Y eso no lo iba a hacer, y se los dije. Y ahí empezaron a suspenderme cada vez más seguido, hasta que salieron con esa historia para echarme”.

Aranda explicó que “cuando entré a la empresa, en el 2014, dentro de todo se trabajaba bien. Pero en el 2017 pusieron muchos encargados por sector y ahí empezó el maltrato. Por ejemplo, no podías usar el celular ni siquiera en la hora de almuerzo, que es cuando uno, que tiene familia, trata de hablar con ellos para ver cómo están. Además, las horas extras (que ellos la pagan en negro, pero que igual son una ayuda) eran obligatorias en realidad, aunque estuvieras enfermo. Porque si no las hacías te las sacaban”.

El ex empleado también dijo que “buscaban cualquier excusa para sancionarnos. En cuanto le respondíamos algo a un encargado, por más que le habláramos bien, decía que lo habíamos insultado. Y no importaba que no hubiera pruebas. La empresa siempre decía que le alcanzaba la palabra del encargado para tomar medidas”. Y finalizó: “La verdad es que no es una empresa buena para trabajar. Y por eso es importante que estas cosas se sepan”.

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