07 de Julio
de 2022
Fuera de Megáfono.

La unidad de la CGT comienza con una amplia mesa de nombres y algunos reclamos

21. 12. 2015

El congreso ampliado acordó crear una mesa de conducción con la mayoría de los dirigentes y sectores de peso, para dar paso a una normalización en 2016. “Se inicia el camino de la unidad”, afirmaron. Hubo algunas críticas al gobierno, pero de tono moderado. La ausencia de Caló condicionó el espíritu triunfalista.

Como si fuera un juego de cartas, la dirigencia sindical nucleada alrededor de la CGT comenzó el llamado “poroteo”, es decir, a sumar nombres y organizaciones en su “casita”, para tratar de imponerse a su contrincante. El que largó la competencia fue Hugo Moyano, que reunió según su entorno 140 sindicatos, para darle forma a la que considera “la nueva CGT”. Sin Antonio Caló y su grupo, el camionero dio un paso importante, ya que no sólo alineó a su sector, sino que sumó a Luis Barrionuevo y a dos grupos internos de la central del metalúrgico, que le dan un plafón importante de cara a lo que viene. Además de una serie de reclamos al gobierno nacional, se eligió una amplia mesa de conducción, que tendrá la misión de allanar el camino para la unidad definitiva.

En la sede de Azopardo los diversos grupos que forman esta nueva unidad se juntaron para dar el primer paso. Con el moyanismo como protagonistas –los camioneros coparon el lugar –se dieron cita la CGT Azul y Blanca, los “gordos”, los “independientes” (ambos grupos de la CGT Alsina) y los transportistas de la CATT, entre otras organizaciones. Una fuente de la central anfitriona le dijo a Gestión sindical que la convocatoria “superó los 140 gremios”, y que de esta forma “comienza definitivamente el camino de la unidad”.

La mesa estará compuesta por 15 nombres, los principales referentes de los grupos que se suman a esta “CGT Azopardo ampliada”. El tanteador marca una tentativa de horizontalidad, ya que el moyanismo anota cuatro nombres (el propio Moyano, Juan Carlos Schmid, Gerónimo Venegas y Omar Plaini), Barrionuevo también tres (El dirigente gastronómico, Horacio Valdez y Carlos Acuña), la CATT dos (Roberto Fernández y Omar Maturano), los “gordos” también dos (Armando Cavalieri y Carlos West Ocampo), y los “independientes” tres sillas en la mesa de unidad (José Luis Lingeri, Andrés Rodríguez y Gerardo Martínez). El lugar 15 lo ocupará un hombre que no reporta a ninguna central, y es mostró cercano a varios espacios: Sergio Palazzo (La Bancaria).

El cuerpo colegiado debió sumar tantos miembros ante la imposibilidad de sintetizarlo en tres personas. “Pesó la idea de que todos estén representados”, agregó una fuente, que admitió que la ausencia de Caló obligó a ampliar los protagonistas del nuevo mando sindical, para evitar deserciones por no sentirse representados. La última vez que se utilizó este sistema, se unificó la CGT con el MTA de Moyano, en los primeros meses de la presidencia de Néstor Kirchner. En ese momento se eligió un triunvirato que llevó a los gremios a la unidad, en 2004, encabezada por Moyano. “Es el camino a seguir”, dijo un dirigente a la salida del encuentro de hoy.

Además de la unidad, la CGT debatió, de manera escueta, el futuro del país, en el marco de las primeras medidas tomadas por el gobierno de Macri, Si bien fue crítico con la devaluación, y se hizo una advertencia sobre la inflación, se hicieron demandas simbólicas, como la convocatoria al Consejo del Salario y que se resguarde el modelo sindical. También se habló de los fondos de las obras sociales, que manejará un hombre cercano a Lingeri.

En la declaración final, hubo tironeos porque algunos dirigentes querían incorporar “la preocupación por los intereses de los trabajadores ante los embates empresariales”, pero para muchos era una alusión al origen de muchos ministros y colaboradores del actual gobierno, y se intentó suavizar la crítica. Además, la dirigencia aseguró que otra de las formas de darme empuja a la unidad será “reflotar las 62 organizaciones peronistas”.

Mientras se realizaba el plenario, Caló lograba en la cartera laboral que Techint reincorporara a los 190 despedidos de su firma Siderca de la localidad bonaerense de Campana, que habían recibido telegrama de despido en los últimos días. El metalúrgico logró torcer el brazo de la empresa nacional, con la ayuda del gobierno de María Eugenia Vidal, que presionó para que los empelados de la subsidiaria fuera absorbidos por la firma. En la sede de Azopardo, admitieron que si comienzan los despidos será difícil mantenerse en esta postura definida como “críticos calmos”, y festejaron, por lo bajo y en silencio, las noticias que llegaban desde afuera.

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