Sin margen para un paro general, la CGT analiza un esquema de conflicto permanente con paros por actividad
Sin margen para un paro general, la CGT analiza un esquema de conflicto permanente con paros por actividad.
Con la UTA fuera de juego, en la CGT no creen tener la fuerza para llevar a cabo una protesta contundente.
La Confederación General del Trabajo (CGT) se aleja de la posibilidad de llamar a un nuevo paro general para protestar contra la reforma laboral y las políticas del Gobierno nacional y, en cambio, empieza a analizar la posibilidad de implementar un esquema de protestas por actividad, con paros escalonados.
El mecanismo, inspirado en las experiencias sindicales desarrolladas en Francia durante 2023, comenzó a considerarse seriamente dentro de la CGT al tiempo que, según pudo saber Gestión Sindical, perdió fuerza la idea de otro paro general, fundamentalmente porque sería casi imposible contar con la adhesión de los colectiveros de la Unión Tranviarios Automotor (UTA).
Sin la UTA no hay paro de la CGT
Las situaciones de la UTA y La Fraternidad -maquinistas de trenes- se encuentran atravesadas por un conflicto judicial con el Poder Ejecutivo tras la decisión del Ministerio de Capital Humano de imponerles multas de 70 mil millones y 20 mil millones de pesos, respectivamente, tras su adhesión al paro del 19 de febrero.

“Sin el transporte, es jodido avanzar a un paro”, reconocen en la calle Azopardo. Por eso, los principales referentes de la central obrera comenzarán a reunirse a partir de este miércoles al mediodía con representantes de los sectores de la industria, el transporte, la alimentación y la energía.
La intención es ampliar el debate sobre las medidas de fuerza y “construir consensos” antes de avanzar con nuevas acciones contra la flexibilizacion laboral.
Como en Francia
La iniciativa que comenzó a debatirse dentro de la central obrera fue promovida, justamente, por dirigentes vinculados al transporte, entre ellos Juan Carlos Schmid, titular de la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT) y tiene el visto bueno del ala independiente y de los gordos.
El planteo consiste en reemplazar los paros generales aislados por una serie de huelgas sectoriales coordinadas y sucesivas, capaces de sostener la presión durante varias semanas.
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El modelo toma como referencia las protestas desarrolladas en Francia contra la reforma previsional llevada adelante por el presidente Emmanuel Macron, donde distintos sectores estratégicos paralizaban actividades de manera alternada.
De esa forma, el riesgo económico para cada trabajador resulta menor, mientras que el impacto político y social se prolonga en el tiempo.
Dentro de la CGT algunos dirigentes ya bautizaron la propuesta como una «semana social de protesta», aunque todavía no existe una definición formal sobre su implementación. La discusión continuará la próxima semana en el Consejo Directivo de la central obrera.
«Las pymes no pueden»
La idea de avanzar hacia las medidas de fuerza escalonadas todavía no tiene consenso total. Sectores como la UOM, La Fraternidad y otros gremios de perfil más combativo, y cercanos a Máximo Kirchner, siguen impulsando la convocatoria a un paro general de 36 horas.
En este punto, chocan de frente con la postura de los gordos, que tienen serias dudas acerca del nivel de adhesión que podría conseguir un paro general, con el transporte funcionando y el temor de muchos trabajadores a perder sus ingresos por el descuento del día o por presentirsmo, e incluso enfrentar sanciones o hasta la pérdida de su empleo.
Tal como le reconoció un alto dirigente sindical a Gestión Sindical, la visión que prima es que «los trabajadores no son juguetes que los ponés y los sacás. Es difícil. Además, muchas pymes no están en condiciones de perder días de trabajo”.




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