Cada vez más mujeres apelan al cuentapropismo o el trabajo informal para sumar ingresos a sus hogares
Cada vez más mujeres apelan al cuentapropismo o el trabajo informal para sumar ingresos a sus hogares.
La Encuesta Permanente de Hogares del INDEC arroja cifras inéditas en relación con las mujeres que trabajan.
El crecimiento del cuentapropismo, los nuevos monotributistas y la informalidad en el mercado laboral se advierte con mayor fuerza entre las mujeres, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
Según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC, la informalidad laboral alcanzó un nivel récord, con 8,5 millones de trabajadores en esa situación en todo el país, y, dentro y fuera de ese universo, cada vez más mujeres se vuelcan al cuentapropismo para sostener la economía de sus casas.
Comercio hormiga e industria artesanal
Los números duros que exhibe el INDEC indican que, mientras en 2012 las mujeres ocupaban el 34% del total del empleo no asalariado (es decir, por cuenta propia), en la actualidad esa participación subió hasta el 42%, sin incluir a las trabajadoras de casas particulares registradas.
Casi el 40% de las cuentapropistas trabaja en el comercio «hormiga», principalmente vendiendo alimentos, ropa u otros productos, como artículos de limpieza o cosmética.
Otro 14% se dedica a servicios comunitarios y personales, como peluquería o estética, mientras que un 13% lo hace en la «industria manufacturera» artesanal de distintos productos dentro de sus casas.

A esta situación de precariedad se le suma la desigualdad histórica en las tareas del hogar, ya que las mujeres que salen a inventar sus propios ingresos no dejan de hacer trabajos domésticos y de cuidado que, según las estimaciones de encuestas oficiales, demandan un promedio de 6 horas y media diarias para las mujeres, casi el doble que en el caso de los hombres, que les dedican menos de 4 horas por día.
Mujeres que «se fabrican» el empleo
Un informe del centro Fundar, dirigido por Daniel Schteingart, resalta el crecimiento del autoempleo con un marcado componente femenino.
“Lo que más viene creciendo es el cuentapropismo femenino”, plantea Schteingart. “Se dice mucho que la informalidad sube porque el laburante que perdió el empleo en la fábrica se va a Uber o Rappi», señala, pero “el gran cambio viene por otro lado”.
En ese aspecto, apunta a «mujeres que se insertan al mercado laboral, como nunca antes buscan empleo, pero como no hay opciones en el segmento formal, se ‘fabrican’ el empleo”.
La reforma laboral por ahora no funciona
Si bien la reforma laboral que impulsó y logró poner en práctica el Gobierno fue presentada como una herramienta para crear más empleo en blanco, los resultados obtenidos hasta ahora muestran lo contrario.
La informalidad total llegó al 44,2% de los ocupados, el valor más alto del que se tenga registro. Mientras los trabajadores informales crecieron un 6,4% en el último año, el empleo formal cayó un 2,6%.
A la vez, creció la inserción laboral vía el cuentapropismo y el empleo asalariado no registrado que, en conjunto, ya abarcan a más de la mitad de los ocupados (51,4% del total).
Un informe presentado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP) que conduce el ex director del Banco Nación Claudio Lozano, analiza estos números y concluye que «queda claro que las sucesivas etapas de implementación de la reforma laboral oficialista lograron el resultado inverso al que anunciaba el gobierno libertario: la informalidad ‘bajó para arriba’”.
Otro estudio, de la Consultora C-P, subraya que «los ganadores» en el esquema económico (agro, pesca, energía y minería) «tienen una baja participación en el empleo total (representan solo el 14%) mientras que los perdedores (industria, construcción, comercio) son empleo intensivo (48% del total)”.




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