De Adidas a Lumilagro: el negocio de despedir, importar y vender con márgenes de hasta 700%
De Adidas a Lumilagro: el negocio de despedir, importar y vender con márgenes de hasta 700%.
El Gobierno habla de importar para generar competencia y bajar precios, pero un informe advierte que eso está lejos de ocurrir.
El panorama industrial argentino atraviesa una transformación regresiva que combina el cierre de establecimientos históricos con una rentabilidad comercial inédita para los productos importados.
Según un estudio realizado por el Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) que responde al economista Claudio Lozano, grandes empresas están aprovechando la apertura económica y la apreciación cambiaria para abandonar la manufactura local, sustituyéndola por bienes finales traídos del exterior que se llegan a vender con márgenes de ganancia de hasta el 700%.
El documento, titulado «Las grandes empresas ante la apertura importadora del gobierno de Milei«, fue elaborado por los economistas Gustavo García Zanotti y Martín Schorr.
En él se registra un cambio estratégico: compañías que ya no buscan eficiencia productiva en sus plantas argentinas, sino que se convierten en importadoras netas, maximizando beneficios mediante la reducción de costos operativos que implica el despido de sus plantillas de personal.
Importar termos no baja los precios
Uno de los casos que destaca el informe y que fue promocionado por la propia firma es el de Lumilagro. La empresa, que operaba con unos 170 empleados en su planta de Tortuguitas, optó por cerrar su producción de termos para traer productos terminados desde China. El costo unitario de cada termo importado es de $8.178, mientras que el precio de venta al público en el mercado interno alcanza los $44.000: un 438% más.
Aunque que la empresa ya no carga con los costos de fabricación nacional, el precio final para el consumidor no bajó.

Esto que ahora, de acuerdo con lo que informa el IPyPP, ocurre con las importaciones, funciona en espejo con lo que sucedía con las exportaciones de Lumilagro.
Según el estudio, la compañía exportó en 2025 unos 10.000 termos a Estados Unidos a un precio promedio de 11 dólares, mientras que en las góndolas argentinas el producto más económico de la marca se consigue por el equivalente a 31 dólares.
Una lógica similar sigue la histórica fábrica de ollas y sartenes Essen, de Venado Tuerto, en la provincia de Santa Fe.
La compañía redujo su planta de personal a solo 30 trabajadores y pasó a importar cacerolas chinas con un costo de $50.000 por unidad, que se comercializan luego a $384.000. El margen supera el 660%.
Zapatillas y galletitas
El sector de indumentaria deportiva también muestra cicatrices de este modelo. Adidas cerró definitivamente su planta de producción local, lo que significó el despido de 360 operarios.
Hoy, la multinacional importa zapatillas a un costo de $26.790 y las pone a la venta por $100.000 (273% más). El informe de García Zanotti y Schorr advierte que esas mismas zapatillas se consiguen a valores sensiblemente más bajos en mercados vecinos como el de Chile.
Por su parte, el gigante alimenticio Mondelez ha incrementado la participación de bienes finales importados en su esquema de negocios, pasando del 16% en 2023 al 25% en 2025. Este proceso de «importación de góndola» tuvo un costo social directo: hacia fines de 2025, las suspensiones en la firma alcanzaron a 2.300 trabajadores.
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Como ejemplo de la distorsión de precios, el IPyPP menciona que un paquete de galletitas Club Social tiene un costo de importación de $521, pero llega al consumidor a un precio promedio de $2.164.
Del ensamblaje a la importación directa
En el polo tecnológico de Tierra del Fuego, Newsan encabeza la transición desde el ensamblaje hacia la importación total, aún cuando los márgenes son menores.
El informe detalla que traer un celular Motorola (modelos G23 o G24) cuesta unos $136.770, mientras que su precio de venta local se ubica en los $260.000 (90% de margen). Este abandono progresivo de la integración de componentes vino acompañado de una ola de despidos y suspensiones en la isla.
El caso de Whirlpool, en tanto, expone la fragilidad de las inversiones productivas bajo el actual esquema económico. La empresa cerró su planta en Pilar, una unidad que había sido inaugurada en 2022 y que operó solo tres años. El cierre dejó a 300 trabajadores despedidos, mientras la marca incrementaba el ingreso de lavarropas terminados desde sus centros de producción regionales.
Los autores concluyen que este modelo centrado en márgenes comerciales elevados y baja mano de obra pone en riesgo la sostenibilidad del consumo interno. Al destruir el empleo en sectores que «mueven la aguja» del mercado laboral, las empresas están erosionando la base de ingresos de sus propios clientes, en un círculo vicioso que prioriza la renta financiera y comercial sobre el desarrollo industrial nacional.




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