miércoles 12 de agosto de 2020
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A un año de que quiebra, la cooperativa formada por los trabajadores de Canale avanza a paso firme

La empresa cerró su planta en la localidad de Llavallol, y despidió a todo su personal. Luego de una larga lucha, se formó una cooperativa y se puso en marcha un plan para recuperar la producción. En la actualidad se están haciendo los primeros trabajos, con el aval de la justicia. “No es nada fácil”, dicen los empleados, que mostraron su entusiasmo en lo que puede pasar a futuro.

Diego Lanese / Especial para Gestión Sindical

“En mi carácter de presidente de REDEPA informo a usted que en virtud de la grave crisis económica que padece la empresa, surge la imposibilidad de la misma de continuar operando, es por ello que le notificamos por medio de la presente que queda usted despedido a partir del día 31 de octubre de 2018”. Hace un año, Nicolás Macchi recibía este telegrama en su casa, donde le informaban que ya no era trabajador de Canale. La noticia le generó angustia, pero no sorpresa. Desde hacía un tiempo la empresa estaba pagando en cuotas las quincenas, y ya se habían cerrados otras plantas de la firma en el interior del país. Ese día, cerraba sus puertas la ubicada en Llavallol, partido de Lomas de Zamora, y daba inició un camino que hoy, un año después, encuentra a los cesanteados produciendo, y a la fábrica en un franco camino de recuperación. No fue fácil. Durante este tiempo los empleados debieron hacer de todo para sobrevivir, tanto ellos como el proyecto colectivo. Fueron changarines en el barrio, montaron una parrilla solidaria, hasta que formaron la cooperativa y obtuvieron el visto bueno judicial para comenzar a producir. “Estamos avanzando”, se entusiasma Macchi, que visto orgulloso su tropa de trabajo, la misma que llevó casi todos los días de este año de lucha y compromiso.

A un año de la quiebra y cierre de Canale, los empleados trabajan en la recuperación. La Cooperativa de Trabajo Metalúrgica de Llavallol (COTRAMELL) comenzó a trabajar en los detalles para recuperar la producción, luego de la autorización que recibió de la justicia. En octubre de ese año la quiebra de la razón social que manejaba la planta del sur del conurbano derivó en el cierre, como sucedió en otras ubicaciones, en Mendoza y Catamarca.

Desde el principio, los empleados se quedaron en el lugar, custodiando las máquinas, anticipando que su idea era sostener las fuentes laborales. En noviembre la misma justicia los nombró “custodios de los bienes materiales” de la firma, y en enero tenían lista la cooperativa. Ese tiempo, se turnaban para estar en el lugar, y montaron una parrilla solidaria frente a la planta para sostener el fondo de huelga. Además, ofrecieron trabajos de diversos oficios –desde carpintería a herrería –para seguir en el camino trazado. “Recibimos la solidaridad de toda la comunidad”, recuerda Macchi.

Si uno se acerca al lugar, en la intersección de Libres de Sur y Santa Catalina, además de comer a precio popular podrá ver las muestras de apoyo, desde los bocinazos constantes de quienes pasan hasta el saludo amable de los vecinos del barrio.

“No es fácil recuperar una empresa, pero estamos avanzando de a poco”, admite Macchi en diálogo con Gestión Sindical. La cooperativa está formada por cerca de 100 ex empleados que decidieron quedarse en el proyecto colectivo, de los 185 que hubo en su momento trabajando en el lugar. “Estamos dando los pasos que exige la ley, queremos ser bien prolijos respecto de eso para no tener problemas en el futuro”, dijo Macchi, que desde un primer momento se convirtió en vocero de los cesanteados.

Para llegar acá, destacan los empleados, contaron con el apoyo de sus familias, que desde un primer momento decidieron dar la pelea. “Vamos viendo de a poco que todo el esfuerzo que hicimos va dando sus frutos. Nada ha sido en vano, y por más duro y difícil que sea todo, nadie nos va a arrebatar los sueños y mucho menos la alegría”, resaltaron mediante un texto difundido por el aniversario de los despidos.

La firma Canale supo tener varias plantas en Mendoza, Catamarca y la provincia de Buenos Aires. Luego de un año de conflictos, que incluyó el retraso de varios meses en el pago de salario, las plantas fueron cerrando. Primero fueron las tres mendocinas, luego de la quiebra de Alimenticias Mendocinas (IAMSA). Luego, fue el turno de las plantas catamarqueña y la de Llavallol.

La crisis comenzó mucho antes de octubre de 2018, cuando la empresa comenzó a pagar salarios en cuotas, como parte de la situación general de las empresas que operaban bajo la firma Canale. Luego se paralizó la producción, y al tiempo llegó la quiebra y el cierre del lugar. La justicia había pedido un plan de recuperación –antes se había presentado un Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC) –y ante la ausencia de respuesta, se abrió el camino legal para que la cooperativa tome el control de la empores y su producción.

Por la forma en que se resolvió el conflicto, Canale se volvió un ejemplo para muchos de los despedidos de la zona sur. La solidaridad entre trabajadores fue una de las marcas de este año, que incluyó un festival solidario para recaudar fondos y varias actividades. Incluso muchos de los empleados junto a otros en igual situación pasaron la Navidad en el acampe, una muestra de la decisión de la pelea.

A principios de este mes, acompañaron a los despedidos de Cresta Roja –otro conflicto emblemático de la zona –en una marcha por Lomas de Zamora, para reclamar la reincorporación de los despedidos en la empresa avícola. En la marcha fueron acompañados por distintas organizaciones sociales, políticas y sindicales de la región, y primero se movilizaron desde la estación de trenes hasta la avenida Hipólito Yrigoyen para reclamar.

La idea de tener todo en regla es una de las prioridades del momento, ya que en todo este proceso tuvieron que sortearse varios intentos de desvirtuar la pelea. En los primeros días posteriores a la quiebra, versiones sindicaron que existió un grupo empresarial interesado en comprar, pero que el conflicto “lo desalentó”.

Además, hubo dudas respecto a lo que sucedió en Mendoza, donde las tres plantas de la empresa del grupo fueron declaradas en quiebra pero con continuidad laboral: En el caso de Llavallol, esto no sucedió, hasta que se autorizó la cooperativa para trabajar. “Estamos eternamente agradecidos a todos los que nos apoyaron”, cerró Macchi, que junto a sus compañeros tiene motivos para festejar, y especialmente sentirse satisfecho y esperanzado.

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