29 de Junio
de 2022
Fuera de Megáfono.

Salvo algunas excepciones, el “huracán PRO” golpeó a la dirigencia gremial

26. 10. 2015

El triunfo de María Eugenia Vidal en Provincia y la gran elección de Mauricio Macri cambiaron drásticamente el panorama para el movimiento obrero organizado. El paso al costado de Caló y la alegría de los Moyano. Cómo afectará el nuevo escenario a la unidad de la CGT.

Los inesperados resultados electorales de las últimas elecciones cambiaron el panorama político nacional, y abrieron fuertes incógnitas respecto al futuro balotaje que disputarán Daniel Scioli y Mauricio Macro. El triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires trastocó todo el mapa, y como un GPS político, muchos están “recalculando”. Cuando el movimiento obrero pensaba en un hipotético gobierno de Scioli y una unificación de la CGT al calor de un nuevo mandato justicialista, la posibilidad cierta de un triunfo PRO hace que los dirigentes busquen nuevas estrategias para sostener poder y perspectivas a futuro.

Como todo el oficialismo, Antonio Caló tuvo un duro golpe este domingo. El metalúrgico espera un triunfo en primera vuelta del gobernador bonaerense para espaldar su figura en la pelea interna de la CGT. Por eso no fue al cónclave del hotel Castelar, confirmaron en su entorno. La idea era esperar al domingo, festejar con Scioli y después poner condiciones. Pero el nuevo escenario lo deja mal parado, y deberá repensar su postura dentro de ese armado. Para colmo, dos intendentes de origen metalúrgico también perdieron, y feo: Francisco “barba” Gutiérrez en Quilmes y Hugo Curto en Tres de Febrero. Más allá de condicionamientos locales, para algunos la denuncia contra el secretariado de la UOM por lavado de dinero (que involucra a los tres dirigentes) pudo tener impacto en la situación.

La elección de Abel Furlán en la lista del oficialismo le da un poco de aire al golpeado Caló, que ahora deberá reposicionar a su sector dentro de la mesa de diálogo de la CGT. Algo que deberán hacer casi todos. Es que la dirigencia estaba pensando en un triunfo de Macri, y eventualmente de Aníbal Fernández, y no en este horizonte PRO. “Todos pensaban n un futuro gobierno peronista, esto cambia el escenario”, afirmó un dirigente que participó del encuentro de la semana pasada. Aunque el cambio tiene un lado positivo, se advierte. “Por ahí es más fácil la unidad, con la Alianza los gremios terminamos todos juntos. A veces es más fácil para nosotros peticionar ante un gobierno que no es peronista”, le dijo a Gestión Sindical el mismo dirigente.

Además de Furlán, será diputado nacional Facundo Moyano, otro de los pocos ganadores de la jornada. Su lugar estaba asegurado (encabezaba la lista del Frente Renovador-UNA), y será una de las caras del sindicalismo en la futura cámara de Diputados. “Vamos a seguir en este camino de las propuestas, hemos consolidado una fuerza política después de dos años de su nacimiento, con un bloque más que importante de diputados”, sostuvo el domingo por la noche, mostrando que era uno de los pocos massistas que podía festejar. Ni Alberto Roberti, titular del gremio de Petroleros y del bloque del espacio de Sergio Massa, se mostró entusiasmaado con lo que viene. Una serie de dichos polémicos sobre su eventual apoyo a Scioli en segunda vuelta (más la salida de su mujer Mónica López del espacio UNA) hacen penar que su lugar en el bloque no tendrá mucho futuro.

Si Facundo Moyano se mostraba contento, en el entorno de su padre había signos de alegría manifiesta. Es que su movida en el hotel Castelar, sumando a cuatro de los cincos espacios que hoy forman el panorama interno de la CGT se fortalece con el posible triunfo opositor. No sólo porque debilita a Caló en su intención de ser el líder de la central unificada, sino porque le da un rol más activo en la discusión. Con voceros cerca de todos los espacios políticos, el camionero se había a cercado a Scioli a través de su eventual Ministro de Transporte Sergio Urribarri, y el propio Alberto Pérez, armador principal del gobernador. Con Macri estuvo en dos ocasiones en plena campaña, empujando “la pata peronista” de cambiemos, encarnada por Gerónimo Venegas, otro de los pocos ganadores del domingo. Si bien no fue candidato, su apuesta por Macri fue muy criticada, pero los votos envalentonan al dirigente rural: “en la segunda vuelta ganamos cómodos, porque hay un 60 por ciento del país que no quiere a este gobierno. Entonces no necesitamos a los dirigentes, sino a la gente”.

Esta idea ronda la cabeza de varios dirigentes, que en menos o mayor medida la admiten. El rechazo al oficialismo hace que miren con simpatía un triunfo opositor, que les permita reacomodarse pensando en el futuro. Si Pablo Micheli confirmaba que la idea del cambio le hacía pensar en votar a Macri (“no voy a traumatizarme por el voto”, admitió en una entrevista), en el sciolismo esperan recuperar cierto sentimiento peronista de los gremios, para sostener su voto. Se definirá en este mes, cuando el país termine de reconstruir su matriz política y los gremios tengan más claro el horizonte al que deberán adaptarse.

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