28 de Julio
de 2021
Actualidad.

Pese a la pandemia, gremio ladrillero avanza en su agenda de lucha contra el trabajo informal e infantil

28. 05. 2021

La Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (UOLRA) busca sostener sus iniciativas contra estos flagelos. La dirigencia hizo un balance del impacto de la pandemia y de cómo se recuperó la actividad. Buscan crear parques ladrilleros para formalizar hornos familiares.

Al inicio de la pandemia, las estrictas medidas de cuarentena generaron un desplome de la actividad en todo el país. Desde fines de marzo del 2020, los indicadores tuvieron una caída abrupta, y a partir de la reapertura paulatina, en muchos casos hubo un “efecto rebote”, que recuperó rápidamente los niveles previos a la aparición del coronavirus.

Uno de los sectores fue el ladrillero, un rubro muy relacionado con la construcción, que tuvo un repunte luego del cierre inicial que sorprendió a propios y extraños. En este contexto, la Unión Obrera Ladrillera de la República Argentina (UOLRA) recordó que de aquella primera etapa “trágica”, los trabajadores pasaron a una plena actividad, que en muchos casos permitió recuperar todo lo perdido.

A partir de esto, los hornos y fábricas de ladrillos no se detuvieron nunca, y acompañan la mejora en la construcción, a la espera que este año se mantenga la tendencia alcista. El gremio debe enfrentar en este contexto varios desafíos, comenzando con la informalidad, a partir de la extensión de emprendimientos familiares, sobre todo en el interior del país.

De la mano de ese fenómeno, la UOLRA es protagonista de la lucha contra el trabajo infantil, otra problemática que preocupa a la dirigencia encabezada por el secretario general del gremio, Luis Cáceres. En ambas cuestiones, proponen una serie de herramientas para mejorar la situación de los trabajadores del sector.

En la UOLRA buscan adaptar la actividad de los hornos y fábricas de ladrillos del país a la realidad que impone la pandemia de coronavirus, que obliga a mantener medidas de distanciamientos y otros protocolos de seguridad.

Al inicio de la cuarentena, el parate golpeó fuerte al sector, pero con el tiempo comenzó la recuperación. “La foto inicial de la pandemia fue de terror, tuvimos un cierre de la industria de 120 días. Fue muy difícil, muy complicado cobrar los sueldos. Lo que hicimos fue un fuerte trabajo para crear junto a las empresas protocolos, para reanudar la actividad”, afirmó Norberto Caffasso, secretario Gremial de la UOLRA.

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En diálogo con Gestión Sindical, recordó que a partir de la apertura “nos pusimos a trabajar con la gran mayoría de la patronal para lograr hacer estos protocolos, gracias a la colaboración técnica de profesionales del área”. A partir de esto, recalcó Caffasso, se produjo “una reactivación muy rápida, porque no había ladrillo en el mercado”.

Secretario General de UOLRA, Luis Cáceres

Al tal punto se reactivó que en algunas fábricas el gremio consiguió que el ATP, la ayuda que entregó el gobierno nacional a las empresas para pagar salarios, se incorporara como “un bono salarial”. Además, el gremio firmó una recomposición salarial del 48,3 por ciento en octubre, como parte de la paritaria 2020. “Por eso la segunda mitad de la película fue de recuperación”, destacó el dirigente.

La lucha contra la informalidad

Uno de los dramas que tiene la actividad ladrillera es la gran informalidad que existe. Según los propios datos del gremio, en la actualidad sólo el 15 por ciento de la actividad está regularizada, la mayoría en la provincia de Buenos Aires, mientras que el 85 por ciento es parte de la economía popular, a partir de hornos familiares o comunitarios. 

Por eso, cuando asumió Cánceres y la actual directiva, se tomó “la decisión política” de afrontar esta cuestión, junto con otras, como la participación de las mujeres en el gremio, y la actividad. “No miramos para el costado, modificamos el estatuto e incorporamos a las mujeres, a través de la secretaría de Género, además de varias dirigentes de la familia ladrillera que son partes de la conducción del gremio”, dijo Caffasso al respecto.

En este sentido, remarcó que en localidades como Chacabuco “llegaron a haber 300 hornos trabajando, lleno de mujeres, que antes decían que no trabajaban en la industria., Nosotros decidimos incorporar esta realidad, lo mismo que el tema de los chicos que trabajan”.

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Para este sector, además de direccionar los beneficios del Estado durante la pandemia como el IFE, se comenzó a pensar desde el sindicato una serie de herramientas para buscar regularizar su situación, y a la vez mejorar las condiciones de trabajo.

“Nuestro desafío es llegar con mejores condiciones a todos los rincones del país, a esos hornos familiares, para mejorar la calidad de vida del ladrillero”, sostuvo el secretario Gremial de la UOLRA. En este punto, Caffasso explicó que se crearon las llamadas “mesas ladrilleras” para abordar en cada provincia la problemática del sector.

“La última mesa se armó en Tucumán, donde se está haciendo un censo con todos los hornos que hay en la provincia, para ver las condiciones en las que están y cómo trabajan”, agregó.

Otra propuesta que busca motorizar la UOLRA es la creación de “parques ladrilleros”, espacios donde se localicen los hornos familiares y así se puedan formalizar la actividad, aunque desde el gremio admiten que es un “proceso lento”.

“Este parque será como un parque industrial, pero de hornos de ladrillo. La idea es sacar a la familia del horno familiar, donde el patio es el lugar de trabajo, y lo pasas a un parque, donde podés además tener un monotributo obra social, jubilación y posibilidad de fracturar, podés tratar de venderle tu producto al estado, generando trabajo decente y digno”, resaltó Caffaso respecto a esta iniciativa.

Además, se pueden generar soluciones cuando baja el trabajo por cuestiones estacionales, ya que la producción de ladrillo baja en el invierno, cuando el adobe seca poco, lo mismo en época de lluvia.

CONAETI y el grave problema del trabajo infantil

En octubre del año pasado, pese a la pandemia, la UOLRA lanzó su sexta Campaña Nacional contra el Trabajo Infantil, bajo la consigna “Los únicos privilegiados son los niños”. “Comenzamos a generar dentro de este espacio cómo abordamos el trabajo infantil, en nuestro sector, que tiene sus particularidades”, subrayó Caffasso, quien es coordinador nacional de Erradicación del Trabajo Infantil del gremio.

En este sentido, la entidad forma parte de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI), y de las distintas entidades que en cada provincia se encargan de luchar contra este flagelo. “En noviembre del año pasado lanzamos un plan de acción para la economía popular, para distintos nodos, entre ellos el nodo ladrilleros”, dijo el dirigente, que remarcó que las tareas se centraron en dos lugares: San Andrés de Giles, y Batán y Chapadmalal.

“Allí vamos a tratar de resolver las problemáticas que tienen los niños, niñas y adolescentes, como la desconexión total, los chicos no van a la escuela porque no pueden tomar las clases virtuales, y terminan haciendo trabajo infantil, ya sea cuidando a sus hermanitos o en el horno”, recalcó Caffasso.

Para esto, la UOLRA creó un espacio de cuidado en cada nodo, donde se siga la trayectoria educativa y se reconecta al niño con la escuela. “Se dan talleres de dibujo, pintura, de juegos y con los padres”, insistió el dirigente. Estos trabajos se replican en las provincias, donde las seccionales forman parte de los comités y mesas locales para luchar contra el trabajo infantil.

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En Buenos Aires, por ejemplo, el gremio firmó un acuerdo con el Ministerio de Trabajo para sumarse a su programa “Cuidado. Sin Trabajo Infantil”, donde se establece que “las partes declaran su mutuo interés la erradicación del trabajo infantil, la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la erradicación del trabajo no registrado y el fraude laboral, y las adecuadas condiciones de higiene, salubridad y seguridad en el trabajo”.

“Todas estas tareas no las podemos hacer solos, sin el Estado es imposible, porque estamos hablando de un sector que pertenece a ese 40 por ciento de informalidad que es estructural”, concluyó Caffasso.

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