Ante los reclamos salariales, el Gobierno autorizó a los militares a trabajar como delivery, Uber o vigiladores
Ante los reclamos salariales, el Gobierno autorizó a los militares a trabajar como delivery, Uber o vigiladores.
Por primera vez en la historia se habilitó a los militares a tener un segundo empleo. Los sueldos ya perdieron un 25% con Milei.
En una decisión inédita y que desnuda el problema salarial que atraviesan las Fuerzas Armadas, el Ministerio de Defensa habilitó a los militares a desempeñar actividades laborales complementarias fuera de su horario de servicio.
La medida alcanza a soldados, suboficiales y oficiales, y establece que a partir de ahora podrán trabajar legalmente en tareas privadas para reforzar sus ingresos.
Entre las actividades permitidas figuran empleos vinculados a plataformas de transporte y reparto, servicios de seguridad privada y otras ocupaciones compatibles con la función militar.
De esta manera, quienes tienen la responsabilidad de custodiar la defensa nacional podrán manejar un Uber, repartir pedidos o desempeñarse como vigiladores para intentar llegar a fin de mes.
Los militares, también con sueldos pulverizados
La medida fue presentada como una ampliación de libertades, el argumento al que suele recurrir el Poder Ejecutivo, pero la realidad es que expone el problema latente que enfrenta al Gobierno con los militares. Desde que asumió Javier Milei, el sueldo castrense perdió más de un 80% en relación con la inflación, lo que implica que el salario real hoy es un 25% más bajo que en diciembre de 2023.
Sin señales de una recomposición, la administración libertaria otorgó esta dudosa moneda de cambio, con el permiso para que los militares hagan delivery o cuiden comercios.

Se trata de una resolución que llega después de meses de reclamos por los bajos ingresos dentro de las fuerzas y en un contexto donde numerosos efectivos denunciaron dificultades para afrontar gastos básicos.
Además, contrasta fuertemente con la promesa que hizo Milei durante la campaña electoral y en los primeros meses de gestión, cuando prometió jerarquizar a las Fuerzas Armadas y devolverles protagonismo institucional.
La polémica también está dada por el maltrato y el desaprovechamiento de recursos humanos altamente capacitados.
Muchos de los efectivos cuentan con años de formación en logística, inteligencia, comunicaciones, operaciones tácticas, defensa territorial y conducción militar. Sin embargo, fuera de servicio podrían terminar desempeñándose en tareas alejadas de la especialización para la que fueron entrenados por el propio Estado.
El problema de la pérdida de personal calificado
Detrás de la resolución también asoma un problema más profundo: la creciente dificultad para retener personal calificado. En los últimos años se multiplicaron las advertencias sobre la salida de oficiales, suboficiales y profesionales especializados que abandonan la carrera militar ante la notoria caída de sus ingresos en comparación con lo que ofrece el sector privado.
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Pilotos, ingenieros, médicos, especialistas en comunicaciones y técnicos altamente capacitados son algunos de los perfiles más difíciles de sostener dentro de las fuerzas.
La pérdida constante de cuadros formados impacta directamente sobre la capacidad operativa, el adiestramiento y la planificación estratégica de las instituciones militares.
En el último tiempo fueron varias las voces del sector que alertaron sobre el deterioro presupuestario y la falta de actualización salarial. Así, la autorización para buscar un segundo empleo es sólo una válvula de escape frente a la crisis, y muy lejos está de ser una real ampliación de los derechos laborales.




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