miércoles 28 de octubre de 2020
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La escalofriante denuncia de un trabajador de Coto ante la Secretaría de DD.HH: amenazas, aprietes y torturas

Cristian, de la sucursal 160 de Retiro, dio un desgarrador testimonio en un zoom con integrantes de la Secretaría de DDHH. Contó los espantos que vive como empleado de la empresa. Lo obligaron a trabajar siendo grupo de riesgo, tuvo dengue y Covid-19 y su esposa falleció al contagiarse de él. Se niegan a cambiarlo de sucursal y lo amenazan. Cuenta que el personal es forzado a torturar a quienes entran a robar comida en la tienda.

Por Claudio Garibotto

La cadena de supermercados Coto suma hechos lamentables todo el tiempo. Ahora se conocieron declaraciones de un trabajador de nombre Cristian, de la sucursal 160 de Retiro, que denuncia todos los maltratos y amenazas que recibió para que siguiera trabajando a pesar de estar contagiado de Covid-19. Además, esto le ocurrió luego de que sufriera la muerte de su mujer a fines de julio, que también se produjo por la desidia y el mal manejo de Coto. Pero su pesadilla comenzó a principios de este año, cuando contrajo dengue y fue obligado a trabajar con las defensas todavía bajas. “Me contagié por la zona de la Villa 31. Y me avisaron que iba a ser paciente de riesgo porque el virus me había matado casi todas las plaquetas”, contó en un Zoom realizado por los Trabajadores y Delegados Autoconvocados y Organizados de Coto con integrantes de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Y dijo que, a pesar de lo narrado, “me hicieron volver cuatro o cinco días antes de que terminara la licencia”.

Entre el 5 y el 6 de julio Cristian empezó a sentirse mal. “Tenía mucho dolor de cuerpo y de cabeza. Y le avisé al supervisor que si al día siguiente continuaba el malestar me iba a ausentar. Pero me respondió que si faltaba me iba a echar a la mierda, que lo único que quería eran días de vacaciones”, recordó, pidiendo disculpas por los términos usados pero aclarando que así se lo dijeron. En consecuencia se presentó a trabajar, teniendo 38ᵒ de fiebre, y al día siguiente habló con delegados que lo mandaron a hacerse el testeo. Mientras, en RR.HH. le dijeron que se hacía la víctima, que tenía sólo una gripe, ya que supuestamente “nadie del sector de Operaciones se podía enfermar”. Pero el test le dio positivo. Por ese motivo decidió aislarse en su casa, aunque con la consecuencia trágica de que su esposa se contagió y falleció.

Luego de la muerte de su mujer, y a pedido de la psicóloga de la empresa y de la obra social, solicitó el cambio de sucursal para evitar tener contacto con el supervisor que lo forzó a trabajar bajo amenaza de despido. Y a toda esta situación hay que agregarle el hecho de que quedó solo con su hijo de ocho años, no tiene quién lo cuide y, para llegar a su trabajo, tiene una hora y media en auto de ida y otro tanto de vuelta. Pero, a pesar de todo eso, Coto le niega el pase a una sucursal más cercana a su casa.

Y si parece poco todo lo que ya viene sufriendo Cristian, a esto hay que agregarle algo más: el miedo a perder su trabajo. “Yo sé que cuando vuelva me van a echar, porque ya me lo dijeron. Me van a tener un mes, me van a inventar una causar y me van a rajar”, aseguró. Y, al borde del llanto, agregó que “yo siento mucha culpa porque la contagié. Ella me decía que renuncie, yo estaba buscando otra cosa, tengo estudios, pero la situación del país está muy complicada. No puedo ni dormir en nuestra cama, me cuesta salir a la calle».

Todavía no tiene abogado y recién ahora está empezando a poder hablar, luego de la terapia que hizo. Y también se anima, de a poco, a contar más actos ilegales, increíbles y repudiables de la empresa, como el obligar al personal de seguridad tercerizado a torturar a quienes entran a robar comida: “Les mojan los pies y los meten en cámaras frigoríficas, a una temperatura de -27º. O los meten en compactadoras de basura y los dejan todo un día ahí. También nos obligan a pegarles. Yo me negué y me amenazaron con echarme. Si hay gente que no habla es por miedo. Y hay otras personas a la que les gusta hacer eso de ejercer violencia de arriba hacia abajo”.

En estos últimos días Cristian fue citado en Casa Central y, cuando salió, lo estaban esperando ocho hombres con barbijos iguales, con los colores del gremio, que se rieron cuando él pasó, lo que interpretó como una intimidación más. Esto también fue hablado en el encuentro virtual, del cual participó el delegado Héctor Castro, quien explicó que “nosotros pedimos hablar con la secretaría de DD.HH. porque Christian es un sólo caso de los millones que hay en la cadena Coto”. Mientras tanto, desde Derechos Humanos de la Nación se comprometieron a seguir el caso.

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