En el interior, la mitad de las familias pobres perdió su principal fuente de ingresos en lo que va de 2026

En el interior, la mitad de las familias pobres perdió su principal fuente de ingresos en lo que va de 2026.
Según una encuesta realizada a 5.000 familias de 15 provincias, ese es uno de los mayores problemas, a la par del endeudamiento que no disminuye.
Una encuesta realizada a más de 5.000 familias de barrios populares en 15 provincias llegó al inquietante resultado de que, en estas zonas de economías precarias, la mitad de esas familias perdió su principal fuente de ingresos en lo que va de 2026.
El informe fue realizado y presentado por un referente de Barrios de Pie y funcionario del gobierno bonaerense de Axel Kicillof, el subsecretario de Economía, Daniel Menéndez, a través del Instituto Periferias que él dirige.
Familias endeudadas, sin plata y sin trabajo
El estudio del think tank peronista, titulado «La realidad social en las periferias», muestra la caída de los -ya de por sí, magros- ingresos y la falta de empleo como los principales problemas que, a la vez, hacen que las familias no puedan cancelar deudas contraídas sino que, por el contrario, deben seguir endeudándose para cubrir las necesidades básicas.
Uno de los números más preocupantes que muestra el trabajo es que el 75,4% de los encuestados que viven en barrios populares dice que el dinero no le alcanza para pagar ni siquiera los gastos mínimos del mes.

A esta pérdida del valor de los sueldos se le suma el desempleo: el 49,4% contó que la persona que traía el ingreso principal a la casa perdió su trabajo en el último año. El 46,8% depende del trabajo informal o changas para tener algo de dinero.
«El informe da cuenta de una crisis de ingresos: no hay plata que aguante. A eso se le suma la emergencia del endeudamiento, como rueda de auxilio frente a esta situación de crisis en el ingreso en los barrios populares relevados», sostuvo Menéndez al presentar el documento.
De acuerdo con las cifras exhibidas por su trabajo, la precariedad laboral se traslada directamente a las condiciones de vida y al acceso a la salud ya que el 62,2% de los vecinos encuestados no tiene obra social ni prepaga, por lo que depende únicamente de los hospitales públicos.
En cuanto a las viviendas y los servicios del barrio, el 48,1% no tiene red de cloacas y el 73,5% tiene que cocinar con garrafa porque no cuenta con gas natural.
El impacto en la salud mental
El deterioro de la economía cotidiana también empezó a afectar el bienestar psicológico de las familias porque las dificultades para saldar las deudas y la falta de certezas sobre el futuro generaron un aumento de los problemas emocionales.
Según los datos del Instituto Periferias, el 52,3% de las personas dijo sentir ansiedad o tristeza de forma frecuente o permanente por culpa de su situación económica.
Sobre esta realidad, Menéndez señaló: «Observamos sobre este panorama de alerta en indicadores básicos, un deterioro en la salud mental de los barrios, evidenciando un marcado deterioro en las expectativas sobre la marcha de la economía de nuestro país y el desarrollo individual de cada uno de los encuestados».
El especialista remarcó que la caída constante del poder de compra en las familias trabajadoras y jubilados genera secuelas profundas a nivel social. Según explicó, este proceso de crisis económica y social, deriva en niveles de endeudamiento sin antecedentes y en un descontento generalizado que se expresa, principalmente, en los centros de salud.
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