28 de Noviembre
de 2022
Fuera de Megáfono.

El drama del gremio que brillaba en los ’90 con 25 mil afiliados y hoy le quedan menos de 5 mil

20. 10. 2022
Por Santiago Pérez Chiconi

Las apps de transporte y la pandemia azotaron al sindicato de Peones de Taxis. El histórico líder Viviani se alejó y la actual conducción busca sacar adelante al gremio.

El Sindicato de Peones de Taxis atraviesa el momento más difícil en toda su existencia. La proliferación de las apps de transporte y, luego, la llegada de la pandemia en marzo de 2020 dejaron la actividad al borde de la desaparición. Y, por extensión, el sindicato sufrió una merma de afiliados alarmante. Pasó de más de 25 mil, en sus días de gloria cuando Omar Viviani lideraba el sindicato con un alto perfil como principal ladero de Hugo Moyano, a menos de 5 mil en la actualidad.

Perder afiliados para una organización gremial es durísimo, ya que se solventa con el aporte de los mismos. Hoy día al sindicato de Peones de Taxis le queda una estructura gigantesca (obra social, hoteles, polideportivos) propia de su pasado, pero para una cantidad de beneficiarios muy pequeña. Una gran cáscara ya con casi nada de contenido.

Y no hay que ser un genio de las finanzas para deducir que el sindicato que hoy comanda Jorge García afronta un problema económico espeluznante para tratar de sostener la situación.

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En primer lugar, como en tantos otros sindicatos, la Obra Social de Peones de Taxis (OSPETAX) atraviesa un rojo brutal. «Muchos compañeros tiene que usar las prestaciones y cada vez quedan menos que aportan para sostenerla», graficó un importante dirigente del gremio a Gestión Sindical. «Los sindicatos más fuertes tienen los aportes de muchos afiliados y además se agarran buena parte de los fondos cuando el Gobierno libera algo. Nosotros no tenemos nada de eso», agregaron.

Según dicen cerca de García, la cuesta abajo comenzó durante la gestión de Mauricio Macri, a quien acusan de fomentar el desembarco de las aplicaciones multinacionales de transporte como Uber, sin regulaciones. «Fue (Martín) Lousteau el que arregló la llegada de las apps (cuando era embajador en los Estados Unidos)», se quejan amargamente.

Al respecto, dicen que no están en contra del imparable e inevitable avance tecnológico del que las apps forman parte, pero reclaman que las empresas de aplicaciones cumplan con las leyes y que se tenga en cuenta la situación de los taxistas.

En medio de esa situación que generó el desembarco de las apps, provocando cientos de manifestaciones callejeras de taxistas que continúan hasta hoy, llegó la pandemia, que le pegó durísimo a una actividad que vive de recolectar gente por las calles en un momento en que la gente no podía salir a la calle.

Durante la crisis del Covid se produjo el cambio de mando en el sindicato, cuando sorpresivamente Viviani, tras anunciar haber conseguido una ayuda estatal para los choferes, anunció su renuncia como secretario general. «Se fue y nos tiró el sindicato por la cabeza», recordaron miembros de la actual conducción, peleada con el histórico líder. «Si Viviani hoy quiere venir a la sede del gremio a tomarse unos mates con los muchachos, lo sacan cagando», profundizaron.

La fuga de afiliados y los problemas financieros del gremio trajeron aparejado otro problema, que puede ser no tan importante como el primero, pero que siempre afecta, que es la pérdida de influencia y centralidad dentro de la CGT. Atrás quedaron los años en que Viviani formaba parte de los altos mandos de la central obrera y ocupaba una silla en la mesa en la «mesa chica» cegetista que talla en las futuras decisiones a tomar.

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Luego de que Viviani rompiera su vínculo con los Moyano y años después dejara el sindicato, hoy los taxistas regresaron al moyanismo. Un paso que la actual conducción consideró lógico en medio del momento que atraviesa, ya que observa en el sector menos dialoguista y más «combativo» la mejor trinchera donde seguir aguantando antes de que la realidad del país termine de arrasar con lo poco que queda del gremio. Pero ahora el gremio de Taxistas es uno más dentro del conglomerado de gremios moyanistas del Frente Sindical por el Movimiento Nacional (Fresimona). Ya no destaca como antes.

De todos modos, García, de un perfil mucho más bajo que Viviani, tiene temas más prioritarios que afrontar que la pérdida de relevancia frente a otros pares del sindicalismo. El «ya no ser» parte de la mesa chica cegetista es un mal menor dentro de los problemas del gremio.

Pese a la complicada situación, un referente del sindicato deja una frase con la que saca pecho y aleja la imagen desoladora de alguien llorando sobre la leche derramada: «Quedamos pocos acá, pero quedaron los mejores».

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