¿Dónde está la plata? El PBI subió 4,9% pero desde 2023 se destruyeron más de 230.000 empleos
El crecimiento del PBI no le llega a la gente.
Un informe basado en datos de la Secretaría de Trabajo y el INDEC revela una peligrosa desconexión entre la macroeconomía, el PBI y el mercado laboral.
Según los datos más recientes procesados a partir del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y la Encuesta de Indicadores Laborales (EIL), la gestión de Javier Milei presenta una contradicción estadística inédita: el Producto Bruto Interno (PBI) argentino acumuló un alza del 4,9% en comparación al cierre de 2023, pero en el mismo periodo, el empleo asalariado registrado sufrió una caída casi de la misma proporción.
Son 170.000 empleos privados perdidos desde que Milei es presidente, a los que hay que sumarles 62.000 puestos menos en el sector público que, como se ve, no fueron absorbidos por las empresas.
Esta divergencia, de acuerdo a muchos especialistas económicos de las centrales, pone de manifiesto que la teórica recuperación económica, traccionada fundamentalmente por el sector agroexportador y la energía, no existe en la práctica, al no derramar hacia la mano de obra.
“Históricamente, la economía argentina mantenía una elasticidad donde el crecimiento del PBI se traducía, de forma casi proporcional, en la creación de puestos de trabajo. Hoy, esa correlación parece haberse quebrado”, advierten en la CGT, un análisis que comparten también las dos CTA.
Jubilaciones en peligro
Para los equipos técnicos de las centrales obreras, este fenómeno no es un accidente de trayectoria, sino el resultado deliberado de un esquema que combina: una fuerte devaluación, la parálisis total de la obra pública y la caída estrepitosa del consumo interno que golpea directamente a las plantillas de personal de las pequeñas y medianas empresas.
De acuerdo con lo que informa de la Secretaría de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, de la Nación la destrucción de puestos de trabajo en el sector privado ha sido incesante desde noviembre de 2023. Los registros del SIPA indican que la economía argentina perdió aproximadamente 170.000 empleos asalariados registrados en el sector privado.

El panorama se vuelve aún más sombrío si se amplía el espectro: al sumar a los empleados del sector público y a los trabajadores de casas particulares, la cifra total de bajas en la seguridad social asciende a niveles críticos.
Como efecto colateral, esto pondría además en riesgo la sostenibilidad a largo plazo del sistema previsional a largo plazo, bombardeado además por la reforma laboral que reduce fuertemente los aportes patronales y los traslada a un fondo común para que las empresas no tengan que pagar indemnizaciones cuando despidan personal.
De la construcción a la industria
Después de que el sector de la construcción se posicionó como el epicentro del ajuste en la primera etapa del gobierno de Milei, la etapa actual empieza a estar marcada por el derrumbe del sector industrial, con empresas que no tienen a quién venderles sus productos debido a la crisis de ingresos de la población.
Desde su inicio en 2023, la decisión del Gobierno nacional de «pisar» la inversión en infraestructura pública ha generado un efecto dominó que no solo afecta a las grandes constructoras, sino fundamentalmente a la masa de trabajadores bajo el convenio de la UOCRA.
Sin licitaciones ni certificaciones de obra, el sector ha pasado de ser un motor de movilidad social a un terreno de despidos masivos.
En el sector industrial la dinámica se tornó similar a caída de la demanda interna —producto de la pérdida del poder adquisitivo— forzó a muchas pymes a implementar esquemas de suspensiones o despidos directos para evitar el cierre definitivo. Y en las últimas semanas, la situación empezó a generar un derrame inverso y afectar a grandes empresas, con Fate -920 despidos- como caso paradigmático.
PBI para pocos
El investigador del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma Luis Campos, es uno de los analistas que ha puesto el foco en esta peligrosa divergencia.
Para Campos, la mejora en las cifras del PBI no refleja bienestar social generalizado, sino más bien un efecto rebote tras el fin de la sequía y el auge de la minería.
«La actividad rebota por el agro y la energía, sectores que no son grandes generadores de empleo. Mientras tanto, los sectores que sí mueven la aguja del mercado de trabajo, como la industria y la construcción, siguen en una recesión profunda», explicó Campos.




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