domingo 26 de enero de 2020
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Con el crecimiento del trabajo no registrado y el “monotributismo”, al final, la reforma laboral de Macri fue de facto

Un proceso signado por la destrucción de empleo de calidad y reemplazo por monotributistas. El mercado de trabajo y el pecado de subestimar lo formal.

Sebastián Etchemendy, profesor del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales, se refirió -en declaraciones al sitio Letra P a la intención de llevar adelante una reforma laboral en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y aseguró que “en la era Macri lo que avanzó es la precarización. Hubo mucha más flexibilización de hecho que de derecho”. Como es sabido, Macri se la tiene prometida al FMI, aunque no la podrá aplicar en lo queda de su mandato y, si se ratifica lo que ocurrió en las PASO, tampoco tendrá una segunda oportunidad para hacerlo.

Por su parte, el principal candidato a su sucederlo como presidente y candidato del Frente de Todos, Alberto Fernández, ya ha negado cualquier posibilidad de imponerla a través de una reforma de la ley de Contrato de Trabajo, y supedita cualquier cambio a lo que se pueda pactar entre empleadores y trabajadores en determinados sectores. Como en los años 90’, cuando la Argentina también giraba alrededor de las demandas del FMI, la reforma laboral vuelve a ser tema de debate, aunque en un contexto de mercado de trabajo más precarizado. Lo que muchos se pregunta es si en realidad la reforma no está ya encaminada de facto y de la mano de dos grandes factores flexibilizadores, como la caída del empleo y del salario.

En ese sentido, el portal Letra P también consultó diversas opiniones. Ariel Liutier, economista e investigador del Instituto de Trabajo y Economía (ITE) de la Fundación Germán Abdala, dijo que “nuestro país se enfrenta a una crisis muy aguda de empleo y es probable que todavía no haya tocado el piso. En el primer trimestre de 2019 la desocupación volvió a ser de dos dígitos (10,1% en el primer trimestre, el mayor nivel de la era Macri), y desde entonces la situación ha empeorado”.

Sebastián Etchemendy, ex subsecretario de Política Laboral y profesor de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), coincidió con Liutier y, a modo de autocrítica, dijo que “no se crea empleo privado desde el final de nuestro gobierno (el de Cristina Kirchner), desde 2013, y eso es un problema”. En su opinión, en la era Macri “lo que avanzó es la precarización, con un avance del trabajo no registrado y el monotributismo. Hubo mucha más flexibilización de hecho que de derecho”.

Liutier coincidió en ese punto, al sostener que “en algunas áreas sí (hubo una flexibilización laboral de hecho), porque la precarización jugó un papel importante: la mayoría de los puestos de trabajo que se generan son precarios y por lo tanto flexibilizados mientras que, como contracara, los que se destruyen son registrados. Todo esto contribuye a erosionar las bases de los derechos laborales”. Aunque añadió: “Pero no necesariamente es un fenómeno que haya afectado a la totalidad de las personas ocupadas. Aunque no han salido indemnes y en estos cuatro años habrán perdido casi un 20% de poder adquisitivo, en el núcleo de los trabajadores y trabajadoras registrados se han logrado sostener razonablemente buena parte de las condiciones de trabajo”.

El economista de la Fundación Germán Abdala también le puso números a la situación: “Durante los últimos cuatro años hemos vivido un proceso de precarización de las relaciones laborales por goteo. El trabajo no registrado subió un punto y medio y superó el 35% (de la fuerza laboral) en 2019, mientras que el cuentapropismo también creció un punto hasta alcanzar el 21,3%”. Sin embargo, aclaró que “este no es un fenómeno que tenga que ver exclusivamente con la crisis, ya que también durante 2017, cuando la economía creció, se evidenciaron esas tendencias”. Se trata, entonces, del modelo.

Liutier brindó otras cifras: “En igual dirección, entre fines de 2016 y junio de 2019, es decir antes de la última devaluación, se habían perdido más de 143.000 puestos de trabajo registrados en el sector privado y, como contraparte, los monotributistas se incrementaron casi en la misma cantidad. Todo esto habla de un mercado de trabajo mucho más frágil”. Y agregó: “Si por reforma laboral hablamos de bajar protecciones en general, las indemnizaciones por despido y las contribuciones patronales, está probado que no funcionó tanto en lo académico, porque no hay trabajos científicos que muestren una relación entre todo eso y la creación masiva de empleo, como en lo empírico. Cuando se bajaron contribuciones patronales, como pasó en este gobierno y en los años 90’, no se creó empleo. Y cuando se subieron, como en los 2000, sí se creó. Por eso la distinción entre flexibilización de hecho, como hemos visto, o de derecho, como la que supone una reforma laboral, no es trivial. Y los problemas de empleo no se solucionan con el cercenamiento de derechos laborales sino con políticas económicas”.

Etchemendy, por su parte, continuó con el tema y planteó que “eso no significa que haya que dejarle a la derecha la idea de la modernización laboral. Hay un montón de cosas que deben hacerse. Una es mejorar la negociación colectiva salarial para adecuarla a la política económica y hacerla más coordinada. Otra, regular la economía de plataformas, que involucra a los pibes que pedalean, dotándola tal vez de estatutos especiales que contemplen derechos. Y una más sería la creación de comités de higiene y seguridad a nivel de empresa”.

Más allá de los cambios registrados en el mercado de trabajo en los años de Macri, ambos especialistas coinciden en que por más que parte de la agenda de la flexibilización laboral se haya concretado en la práctica pero no a través de una reforma normativa, eso no es algo menor. Como explicó Etchemendy, “no hay que subestimar los efectos de una flexibilización formal, que es peor que la que se realiza a través de un modelo económico, que da más posibilidades de reconstrucción”.

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