La crisis de empleo, eje de una batalla entre el Gobierno y un poder económico que no ve la salida
Crisis de empleo. Paolo Rocca, un incondicional de Milei que no se salvó de los ataques.
En el «círculo rojo» industrial creen que Milei los culpa por la caída del empleo porque no sabe cómo resolverla. La falta de opciones de los poderosos.
El panorama laboral en la Argentina y el humor social, que va de la mano con la crisis de empleo y de ingresos en muchas familias, empieza a horadar una relación casi intrafamiliar: la de los principales actores del poder económico -el famoso «círculo rojo» y el gobierno de Javier Milei.
En las últimas semanas, el propio presidente echó leña al fuego con las hostilidades hacia Javier Madanes Quintanilla tras el cierre de la fábrica Fate, y la pelea con Techint y Paolo Rocca tras la licitación para proveer caños en Vaca Muerta.
El vínculo entre el sector empresarial industrial y el equipo económico de Milei hoy se sostiene más por dogma -y por alergia al peronismo– que por simpatía. Y tiene al mercado laboral recibiendo los golpes, en el medio del ring.
El núcleo del conflicto no reside únicamente en la estrepitosa caída de la actividad, sino en la percepción empresarial de que el Gobierno intenta instalar un relato donde la industria nacional es la principal responsable de la crisis de empleo que ya reflejan las estadísticas oficiales.
Empleo en el tobogán
Según el INDEC, la desocupación de 2025 fue del 7,5% en el último trimestre. De este modo, la tasa de desempleo creció 0,9 puntos porcentuales en el cuarto trimestre del año pasado respecto al anterior y afecta a más de 1,6 millones de personas.
Los empresarios -y también el gobierno, aunque no le dé importancia- saben, además, que ese 7,5% oficial refleja una realidad distinta de la que vive el empleo formal, mucho más golpeado.

Desde el sector fabril, la preocupación es unánime y fundamentada en cifras alarmantes. Según informes internos de las cámaras empresarias, el modelo de «ajuste y licuación» ha erosionado la demanda interna a tal punto que la muchas plantas están funcionando por debajo del 50% de su capacidad instalada.
Para los industriales, que no quieren elevar la voz y ser víctimas de las palabras presidenciales ni su equipo de trolls, este fenómeno no representa un proceso de saneamiento del mercado, sino una amenaza existencial a la estructura productiva del país.
Humo y bronca
En este contexto, cada vez son más los referentes del ámbito empresarial que denuncian que el oficialismo busca señalar los despidos y las suspensiones como una consecuencia directa de una «falta de competitividad» histórica, desligando así el impacto del actual programa económico.
Los ataques vienen «cuando hay una crisis de gestión en donde no pueden manejar variables externas. Antes pasaba con la inflación, ahora con la crisis del empleo”, analizó una importante voz de la UIA. Y definió las críticas de Milei como «humo electoral, pero sin elecciones».
Para el círculo rojo, el entorno del jefe de Estado está utilizando a la industria como el «chivo expiatorio» de una recesión que fue profundizada deliberadamente para contener la inflación.
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Los registros preliminares del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) muestran que la industria manufacturera y la construcción se han convertido en los dos principales focos de destrucción de puestos de trabajo registrado en el sector privado y en ambos casos están relacionados con políticas oficiales: la apertura indiscriminada de importaciones por un lado, la anulación de la obra pública de gestión nacional por el otro.
El sufrimiento de los poderosos
El temor subyacente es que el desempleo se transforme en el talón de Aquiles de la gestión, erosionando la paz social en los cordones industriales del Gran Buenos Aires y el interior productivo.
Un punto de inflexión insoslayable en esta tensión es la política de apertura comercial indiscriminada. Los ejecutivos advierten que competir con productos extranjeros es una utopía y aprovechan para «vender sufrimiento», hablando una vez más de los costos impositivos supuestamente altísimos y de las tarífas energéticas que les impiden mantener un equilibrio financiero.
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La situación ya muestra señales de fractura en provincias como Catamarca y San Luis, donde el cierre de establecimientos textiles y metalúrgicos ha dejado a cientos de familias en la calle.
Ante este escenario, el empresariado observa con desconfianza la falta de un plan de desarrollo productivo integral. La ausencia de interlocutores válidos en la Secretaría de Industria y las declaraciones de altos funcionarios que minimizan la pérdida de empleos terminaron ensanchando una brecha que parece difícil de cerrar en el corto plazo.
Por lo pronto, la Casa Rosada apostará a continuar con el conflicto “a pleno” y cargando responsabilidades en un sector insaciable pero que, a la vez, cada vez acumula más bronca.




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