martes 19 de junio de 2018
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Lo que dejó el #21F: las dos CGT que se perfilan y un gobierno que pasa a la ofensiva

Las consecuencias de la marcha ya se pueden ver en el mundo sindical y político. La fractura de la central obrera es un hecho, y hay dos grandes agrupamientos: la dialoguista CGT Dean Funes y la combativa CGT San José. El oficialismo no pierde tiempo, y retoma la iniciativa, con nuevas imposiciones en el reparto de fondos para obras sociales. 

Diego Lanese / Especial para Gestión Sindical

Cuando el sonido de los bombos apenas se habían callado, y la avenida 9 de Julio todavía era un hervidero de gente, las primeras repercusiones de los duros discursos de la marcha del 21 de febrero aparecieron entre la propia gente, en muchos casos sorprendidas por la contundencia de las palabras, en especial las de Hugo Moyano. “Las cosas por su nombre”, remarcaban cerca de camioneros, cuando se consultó por el calificativo de “gorilas” que hizo el líder sindical respecto del actual gobierno. La pelea se enfrió un par de horas después, cuando el propio Moyano aceptó un hipotético café con el presidente Mauricio Macri, descartado desde la Casa Rosada. Como están dadas las cosas, las primeras consecuencias de la multitudinaria movilización aparecen en el movimiento obrero más que en el arco político. La configuración de dos CGT es lo primero que puede verse, en el marco de una vieja disputa que no termina de resolverse. Desde el oficialismo, en tanto, decidieron salir a la ofensiva, y además de negar una posible cumbre con Moyano empezaron a pensar en nuevos mecanismos de control hacia los gremios, empezando por donde más les duela: las obras sociales.

“El movimiento obrero está formado por muchos pedazos, y la CGT está rota en dos”, admitió un dirigente ante la consulta de Gestión Sindical. Los dos grandes espacios incluyo ya tendrían nombre: la CGT San José, que liderará Moyano y sus camioneros (y remite a la sede del sindicato, en esa calle porteña); y la CGT Dean Funes, dialoguista, mayoritaria en cuando a afiliados, que se reúne en la sede del gremio de la Sanidad. “Si la CGT está partida, el triunvirato está terminado. Desde hace rato, pero el certificado de defunción se firmó este miércoles”, agregó el mismo dirigente consultado. La separación entre los gremios cercanos al gobierno y quienes se alejan y forman lo que el bancario Sergio Palazzo llamó “la nueva resistencia” era evidente, pero ahora se cristalizó. Pero en el medio quedan muchos indecisos. El rol que vaya a jugar el barrionuevismo, enfrentado tanto al gobierno como el kirchnerismo, el MASA y las 62 Organizaciones Peronistas, pueden inclinar la balanza hacia uno u otro espacio. Eso a Moyano no le preocupa. “Cuando firmó el MTA era minoría, y terminó liderando la CGT unificada. No es cuestión de números, sino de legitimidad ante la gente”, dijo la fuente.

Si hay dos CGT, está claro a cual elegirá el gobierno para dialogar. En las horas previas y las posteriores al #21F, el oficialismo intentó ningunear la marcha, vincularla al kirchnerismo, la izquierda y otros sectores, y hasta influyó para que algunos medios desprestigiaran la movilización. “Ahí llegan los encapuchados”, dijo cerca el mediodía el movilero de un canal de noticias, que siguió de manera grotesca a un grupo de 10 hombres que respondía a una organización piquetera, una “mala palabra” en los gremios. Sentido el impacto de la marcha –y su normal realización –la Casa rosada inició la ofensiva, apuntando a donde suele dolerle a los gremios: las obras sociales. Según las primeras versiones, ya se piensa en un nuevo sistema de reparto de unos 2.300 millones de pesos mensuales que el Estado debería girarle a las entidades. La medida está a cargo de la Superintendencia de Servicios de Salud, que confirmó que está analizado cambios en los sistemas utilizados. La excusa son supuestos “desmanejos que se cometían en los sindicatos”, y con el objetivo de dar “mejor asistencia sanitaria para los afiliados sindicales”. Sin embargo nadie niega que la pelea con el líder camionero es parte de esta nueva estrategia. Además, fuentes del Ministerio de Salud confirmaron a Gestión Sindical que ya trabajan en la puesta en marcha de la llamada Agencia de Evaluación de Tecnología Sanitaria, que deberá limitar la cobertura de insumos y tratamientos por parte de las entidades. En la cartera sanitaria admiten que la agencia “es un pedido de las obras sociales”, que se analizará “con los gremios más cercanos”. De la mano de esta política, la Superintendencia cerró algunas obras sociales, vinculadas a gremios chicos, una jugada que cuenta con el “ministro de Salud” de la CGT dialoguista, José Luis Lingeri.

En medio de las tensiones, jugará un rol fundamental a futuro cómo se construyan los espacios. En la Casa Rosada esperan más un encuentro de Moyano con Cristina Fernández de Kirchner que uno con el propio presidente Macri. Que el frente opositor lo encabecen dos grandes figuras con muy mala imagen en el votante medio de Cambiemos en una tranquilidad. Pero el gran problema es que ese votante, incluso filelizado, es bastante pesimista con la economía. Una encuesta de analogía afirma que más de la mitad de los consultados cree que este 2018 le irá peor en materia económica. En tanto, para la dirigencia sindical el desafío es lograr armar un espacio con articulado netamente peronista, que salga de cierto sectarismo que mostró el kirchnerismo en los últimos tiempos. “Son gorilas”, insisten en Camioneros, que dieron el primer paso hacia ese lado. Moyano le puso nombre por la negativa a su espacio opositor,, en un rol que estrenará en estos tiempos, junto a un mosaico variopinto de organizaciones y dirigentes.

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