Miércoles 22 de noviembre de 2017
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El rechazo a la reforma laboral abrió una brecha en el triunvirato de la CGT

La dirigencia se prepara para encolumnarse detrás de la decisión de no aceptar los cambios como fueron presentados por el gobierno. Pero hay cuestionamientos a la conducción. La interna del peronismo, telón de fondo del cambio de actitud. Desde las 62 organizaciones Peronistas, aliadas al gobierno, aseguran que si no se crea trabajo “de nada sirven los convenios ni las leyes”.

Diego Lanese / Especial para Gestión Sindical

“No estamos de acuerdo con la reforma laboral como fue presentada”. Luego de varias idas y vueltas, el triunvirato de la CGT planteó que no aceptará los cambios propuestos por el gobierno en materia laboral. Lejos del clima dialoguistas que se esperaba, una vez que circuló el borrador de la reforma los integrantes de la conducción decidieron adelantar su rechazo, y plantearon la necesidad de retoques. Los dirigentes apuntan al que consideran el corazón de la misma: la ley de contratos laborales. El encargado de dar la noticia por Héctor Daer, que enfrenta cuestionamientos como sus pares del triunvirato, de uno y otro lado Los sectores más radicales los acusan de ser demasiado “blandos” con el oficialismo, y de aceptar discutir algunos cambios, y ahora que decidieron hacer público su rechazo, son mirados de reojos, porque muchos ven en esta jugada un intento por meterse en un rol opositor en medio de la reforma del peronismo. Como sea, los propios integrantes de la dirección no están de acuerdo, por lo que se espera que en breve se hagan públicas las diferentes posturas.

Luego de hacer el anuncio el viernes pasado, Daer decidió no contestar preguntas de la prensa que estaba en el lugar, contestó tres preguntas y se retiró. Según pudo saber Gestión Sindical, la decisión se tomó para evitar que queden expuestas las distintas posturas ante el tema, y no ahondar en detalles del rechazo. “Así como está la reforma no sale, pero ni los propios integrantes del triunvirato saben cuáles serán los cambios propuestos, y cuáles se aceptarán”, le dijo a este medio una fuente cegetista. En este sentido, la presión para rechazar el borrador, que hacen sectores como el moyanismo y la Corriente Federal de Trabajadores, surtió efecto, pero quedó a mitad de camino. “La conducción sigue floja de papeles, Juan Carlos Schmid no quiere llevar la interna peronista a Azopardo, pero Daer está jugando fuerte en esa dirección. Y (Carlos) Acuña termino muy golpeado las elecciones, perdió peso y apenas opina”, agregó la misma fuente.

Con el rechazo consolidado, algunos dirigentes cercanos al gobierno, que llegaron a la CGT gracias a los encuentros con las 62 Organizaciones Peronistas, pegaron el grito en el cielo. “Para qué sirven las leyes si no creamos trabajo. Quieren convenios colectivos ideales en medio de una fuerte crisis laboral, que afecta a todo el planeta. No entienden como se sale de esta situación”, argumentó un dirigente cercano a Cambiemos, que ante la consulta de Gestión Sindical dijo que las palabras del pasado viernes del triunvirato no cambian el plan trazado por el oficialismo. “Siempre se dijo que iba a haber diálogo, para que nadie salga perdiendo, si la CGT quiere proponer cosas será escuchada, lo que no se puede hacer es rechazar algo sin negociar”, agregó este dirigente, que vaticinó que la disputa profundizará la falta de liderazgo de la central. “Sin un secretario general fuerte, van a terminar negociando por sectores, como se había dicho de antemano. Si no habilita esa posibilidad, el triunvirato terminará sin poder”, dijo.

Este nuevo escenario hace pensar en la posibilidad de un plan de lucha en lo inmediato, y las palabras “paro nacional” volvieron a escucharse cerca de Azopardo. Para tratar de llevar calma, Acuña habló de que la central obrera se reunirá con los legisladores antes de lanzar un plan de lucha, en caso de que el gobierno decida enviar el proyecto oficial de reforma laboral al Congreso sin el aval de los sindicatos. Si esto sucede, hay diferentes miradas sobre cómo responderá el gobierno. Está claro que los sectores afines, y los dialoguistas buscarán achicar cualquier chance de enfrentamiento, algo que los “rebeldes” vienen motorizando. A esta postura se plegarán las dos CTA y la izquierda clasista, que viene acusando a la CGT de no plantarse contra la reforma y el ajuste. Será difícil que de una u otra manera el liderazgo del triunvirato salgan ilesos de esta disputa.

En tanto, luego de reunirse con el gobernador sanjuanino Sergio Uñac, desde la central obrera salieron a desmentir que sea su hombre para liderar el peronismo que viene. Uno de los pocos que logró derrotar al oficialismo en las elecciones, el dirigente aclaró que no está pensando en esa posibilidad, ante el pedido del propio Daer, que lo convocó a liderar el partido. “Lo que le vamos a pedir a este joven gobernador al igual que se lo pedimos a otros gobernadores es que se ponga al frente de la renovación del peronismo”, afirmó el dirigente de la sanidad. Uñac destacó las “elogiosas palabras” que proclamó el sindicalista “hubo expresiones que me halagan, pero queremos ser muy prudentes, seguir pensando que mi desafío va a seguir estando en la provincia de San Juan”. “El peronismo está en una etapa de transición y seguro desembocará en una renovación” dijo Uñac y por si algo no quedó claro repitió “soy muy claro acá y más allá todavía que mi desafío sigue siendo San Juan”.

En este nuevo escenario, los dirigentes sindicales no quieren ser tajantes, pero saben que necesitan de una fuerte unidad para imponerle condiciones al gobierno, que fortalecido por las elecciones decidió jugar su carta antes de fin de año: las fuentes consultadas afirman que al menos un proyecto de cambios (tal vez el impositivo) llegue en unos días al Congreso. Golpeado por el cambio de la CGT, el ministro Jorge Triaca busca trasmitir optimismo, y habló en estas horas de consenso para avanzar con los cambios en la legislación laboral. Pero en su fuero íntimo sabe que si no logra evitar las protestas y se atrasa el inicio de la discusión, su imagen en el gobierno decaerá. Por eso, apunta a fortalecer una pata que no disgusta a los dirigentes: la lucha contra la precarización laboral.

Mediabit

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